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EL Reverendo Padre Richard Clifford, un sacerdote católico estadounidense,
pasó los primeros veinte años de su apostolado en Lima, Perú,
a partir del año 1960.
En enero del 2003, mi señora y yo lo visitamos en su actual ministerio,
la Parroquia de San Sebastián, en Mérida,
Yucatán. Durante la cena en un restaurante local,
el Padre Richard recordó sus tiempos
en Lima.
Amaba al Perú y estaba muy contento de haber pasado parte de su apostolado en el Perú.
Para enfatizar el punto, me contó que una vez, estando en Lima, había sido
llamado a administrar los santos óleos a una señora de avanzada edad,
que vivía en uno
de los pueblos jóvenes que en esos tiempos rodeaban a la ciudad.
Era una noche fría de invierno. En cuanto el Padre se arrodilló cerca de la cama de la
moribunda, le vino un estornudo, comprensible dadas las circunstancias.
Para su sorpresa y maravilla, la señora se levantó a medias y dijo,
en forma suave pero clara,
con suficiente volumen para ser escuchada: "¡Dios lo bendiga, Padre!"
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