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No muchas personas están enteradas que el renombrado físico
Albert Einstein escribió en 1926 un artículo sobre la causa de
los meandros.1 Asimismo,
no muchas personas conocen que su hijo, el famoso profesor Hans Einstein,
que desarrolló la fórmula de transporte de sedimentos que lleva su nombre,2 comenzó su carrera no en la ingeniería hidráulica,
sino en la ingeniería estructural.
Se nos ocurre que Albert tenía un gran interés en los meandros, y que le debe haber recomendado a su hijo Hans que
incursionara en la hidráulica fluvial.
La historia nos revela que a mediados del siglo XX, Hans se convirtió en
uno de los grandes pilares del naciente campo de
la ingeniería de sedimentos.
La discusión de Einstein sobre el origen de los meandros es casual pero característicamente profunda.
Su atribución de que las corrientes secundarias se deben a la aceleración de Coriolis
debe haber estado entre las primeras. Su explicación de cómo
los meandros se forman debido a un balance entre las fuerzas de inercia y de fricción
en una dirección perpendicular al flujo principal es magistral.
A la fecha no se conoce exactamente el proceso, pero una cosa es muy cierta: Las enseñanzas de Einstein
nos ha ayudado a comprender el misterio
de los meandros.
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