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En el otoño de 1997, visité el Lago Salton, en el condado de Imperial, California,
acompañado de Sudhir Kumar y Rajendra Pandey, dos hidrólogos del Instituto Nacional de Hidrología de la India.
En ese tiempo, Kumar y Pandey estaban haciendo una visita de estudio en San Diego State University, becados por el Programa de Desarrollo
de la Naciones Unidas.
Poco sospechamos que, en el medio de la noche, í bamos a ser despertados por un sonido muy fuerte que
inicialmente parecía lejano,
pero que aumentaba con el paso del tiempo. Eventualmente nos dimos cuenta que era el sonido de un tren.
Conforme el tren se acercaba, la vibración del terreno debajo de nosotros y el crescendo del ruido combinaron para producirnos
una extraña sensación. Allí estábamos, en el medio del desierto, envueltos en la oscuridad y frialdad de la noche,
irremediablemente confinados a una carpa. No sabiendo qué hacer, esperamos a que el tren pasara.
Sabíamos que no había peligro, pero
el momento no apoyaba esta conclusión.
El siguiente día confirmamos nuestra sospecha: Habíamos tendido la carpa muy cerca de las vías del tren.
Afortunadamente, sobrevivimos para contar la experiencia.
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